Golpe de Estado fallido en Bolivia, fuera de las formas

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Por: José Llorenti

La profundidad de lo suscitado solo se puede entender cuando se tiene claridad conceptual e histórica, fuera de los atiborrados mensajes publicitarios y la increíble cantidad de improperios vertidos por políticos de toda laya.

En febrero del año 2003, para quienes no lo recuerdan, se presentó una fisura dentro del mismo Estado develando una crisis estatal profunda cuando militares y policías se enfrentaron dejando varios muertos y heridos. Esos días, el Estado en su núcleo más profundo, el del monopolio de la violencia estatal, se dividió enfrentando a las fuerzas del orden. Febrero fue la antesala de lo que sucedió pocos meses después en octubre, es decir, la caída del expresidente, Gonzalo Sánchez de Lozada.

Febrero representó, además de la crisis profunda del Estado neoliberal y de sus limitaciones históricas, la antesala de octubre, uno no hubiera existido sin el otro. Febrero, asimismo, permitió a las fuerzas políticas de ese entonces calcular sus fuerzas y sus horizontes, además de posicionarse en el campo político de cara a lo que sucedió en octubre y después en los siguientes meses y años.

Ahora, este intento de golpe de Estado que duró 4 horas aproximadamente, no es solamente un impulso nervioso de un comandante de las FF.AA. desorbitado y prepotente, es más bien la expresión de que existen las condiciones para que aventuras golpistas con esa virulencia puedan suscitarse después, en otras palabras, es la medición de las fuerzas políticas actuales sobre la fuerza que goza el gobierno y el control que tiene del Estado.

Hasta el momento se demostró que no existe un control de las FF.AA. como el esperado, y que, al contrario, parecería que no se tiene un control sobre el elemento más profundo que tiene un Estado: “el elemento encargado de la guerra o de la sobrevivencia estatal”, como decía Sun Tzu: “La guerra es de vital importancia para el Estado; es el terreno de la vida y la muerte. Comprender la importancia de lo que está en juego es esencial para tomar las decisiones correctas.”.

Es aquí donde se debe abrir los ojos, lo sucedido este junio 2024, puede fácilmente convertirse lo que fue febrero 2003, sino se toman las medidas correspondientes, se tiene el caso del “tanquetazo” en Chile el año 1973, cuando semanas previas al golpe de Estado de Pinochet en Chile, se dio un levantamiento militar que fracasó denominado “el tanquetazo”. El “tanquetazo” permitió medir al gobierno del expresidente, Salvador Allende, como este golpe fracasado en Bolivia permite medir ante la sociedad al gobierno de Luis Arce.

Las versiones de autogolpe o de simulacro, además de inexactas y poco serias, en el fondo buscan ocultar lo que realmente está sucediendo, y evitar que el gobierno de Arce toma las medidas que se debe tomar para expurgar a todo elemento golpista del campo político boliviano. Se debe tomar en cuenta que un golpe militar, sea el que sea, debe gozar de cierta aquiescencia internacional y cierto apoyo político civil interno, por lo que no se debe descartar la participación de otros sujetos que tienen el interés real en acortar el mandato del presidente Arce.

De la misma manera, lastimosamente, un hecho de esta naturaleza devela que la democracia ya no sería el único camino para llegar al poder, o las elecciones, sino que se puede apelar a la fuerza siempre y cuando tu contrincante no goce de la fuerza suficiente para sostenerse. La democracia es prescindible, y eso lo demostró este intento de golpe frustrado.

Finalmente, ¿a quién realmente le conviene acortar el mandato de Luis Arce y crear una especie de gobierno de transición a la cabeza de un militar o de otro elemento civil servil al golpismo? Todos sabemos la respuesta.

Es el momento de girar 180 grados y apretar el acelerador…porque el siguiente golpe no será un fracaso, siempre pueden surgir otros Zúñigas…

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